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sábado, 9 de febrero de 2013

Cuando los linenses y gibraltareños compartían todo lo bueno y malo de esta vida


Erase una vez dos poblaciones vecinas, la de Gibraltar y La Linea, que solían compartir fraternal y solidariamente todo lo bueno y malo de la vida cotidiana. Entonces existía una auténtica convivencia profundamente arraigada en lazos familiares y de amistad. Una convivencia que jamas logró romper ni las guerras mundiales ni el maquiavelismo político, pues por encima de todas las clases de intereses, siempre estuvo muy claro que los gibraltareños querían ser amigos de España, pero viviendo bajo la administración y bandera inglesa.

Como nosotros por nuestra parte tampoco hicimos nunca dejación del derecho reivindicativo español de soberanía sobre dicho territorio. Y eso era lo maravilloso de esa convivencia, que pese a los intereses políticos y militares, tanto del Reino Unido como de España, por encima de las barreras fiscales, enmarcadas por una verja de hierro, siempre prevalecieron los vínculos humanos, familiares pasado surgieron problemas de incomprensiones o actitudes descriminatorias en el trato personal o en el trabajo o de otra índole, por aquello de que en «todas partes cuecen habas», éstos siempre fueron superados, porque linenses y gibraltareños nos necesitamos mutuamente. Se imponía la cordura, el entendimiento y el sentido práctico de un modus vivendis, beneficioso para todo el mundo. Pero he aquí que por culpa de la descolonización de la plaza inglesa de Gibraltar, las relaciones diplomáticas entre Gran Bretaña y España, llegaron a un estado intransigente y lamentable, que trajo como consecuencia la nefasta medida del Gobierno del general Franco de cortar todas las comunicaciones, terrestres, marítimas con dicha ciudad y como consecuencia de la misma de un solo tajo guillotinó la convivencia de dos poblaciones, la de Gibraltar y La Línea, que eran ajenas a los problemas históricos y políticos del Estado británico y del español.

Pero lo que más lamentamos, los que hemos nacido en La Línea de la Concepción y que nos hemos criados junto con los gibraltareños, es que tras 14 años de incomunicación con Gibraltar —que por supuesto ha causado más daño a La Línea que a aquella población—, dos estados democráticos no han logrado ponerse de acuerdo, mientras tanto las poblaciones tradicionalmente amigas y unidas por lazos familiares se encuentran divorciadas y perjudicándose económicamente, y La Línea más que Gibraltar, porque desde el año 1.969 ha sido abandonada a su propia suerte.





Pero nuestra pena y nostalgia aún se acentúa mucho más al llegar estas significativas fechas de la Navidad y Año Nuevo, al recordar aquellos maravillosos años en que linenses y gibraltareños convivían en los mismos patios de vecinos en La Línea y disfrutábamos de las fiestas navideñas como si fuésemos hermanos, como igualmente junto con ellos trabajábamos en Gibraltar para ganar el pan de cada día —y porque no decirlo— que en nuestra propia nación no teníamos trabajo y allí nos lo ofrecían estables, y todo ello con el concomimiento de nuestras autoridades indiferentes al orgullo y dignidad de estos españoles de La Línea. A lo largo de los años las relaciones de la población de Gibraltar con la de La Línea, ocurrieron momentos entre lo pintoresco y lo anecdótico, como por ejemplo cuando la vida militar y civil de la plaza se regia por los disparos del cañón del Hacho (Rock Gunn). Con escrupulosa puntualidad británica a las seis de la mañana un disparo de cañón era la señal para que las puertas de la ciudad fortaleza se abrieran y con ello las actividades de la vida cotidiana se ponía en movimiento, una riada de miles de trabajadores españoles desde La Línea afluía por Puerta de Tierra o desde Algeciras en los vaporcitos «Aline» o «Margarita» que atracaban en el muelle comercial. La mayor cantidad de trabajadores españoles los absorbía el Arsenal (Almirantazgo), los ingenieros, la Colonia (City Conucil). La Fundición de Bland, empresas de construcción particular, pequeñas industrias, establecimientos comerciales, descarga de carbón en el puerto. Como igualmente un verdadero ejército de vendedores ambulantes de frutas y verduras, aceite, leche, pan, pescado, carbón vegetal, repartidores de agua, mujeres del servicio doméstico. Mientras que por otra parte al Mercado acudían los carros cargados con los mejores productos hortícolas de las huertas de El Zabal, y los coches de caballos del servicio de pasajeros, iniciaban viajes de ida y vuelta en turno rotativo. El simbólico cañonazo era como un toque mágico para que la calle Real (Main Street) entrara en febril trasiego, los cafés, tabaquerías y otros comercios abrían sus puertas a los parroquianos.




El abigarrado mundo pintoresco de esta principal arteria de Gibraltar, con sus bazares indios con olor a sándalo, llenos de productos orientales, como mantones de Manila, figurillas de marfil, abanicos, sedas y exóticos perfumes, con la constante presencia de gentes de los más diversos países, razas y religión como consecuencia del Puerto Libre, daban a la ciudad una viva expresión cosmopolita. Pero en cuanto llegaba la caída de la tarde, otro cañonazo, tan puntual como el «té de las cinco», indicaba el cierre de las puertas, todo el mundo a la calle, la vida activa cesaba y hasta el otro día. Una rutina militar que los ingleses ejecutaban con ceremonial Victoriano.

Al otro lado de la verja tanto ingleses como gibraltareños, solían pasar el fin de semana (week-end), para disfrutar del sano y solaz esparcimiento en los pueblos y campiña de nuestra comarca. En este intercambio todo el mundo se sentía feliz y la vida seguía su curso más bien o más mal para ambas poblaciones.

Durante la semana de Velada y Fiestas de La Línea, acudían masivamente toda la población de Gibraltar incluso su guarnición militar, hasta con uniformes y todo. Les encataban los fuegos artificiales, las funciones de teatro y conciertos musicales de los que son tan buenos aficionados. Y no digamos nada de las corridas de toros de las que tan buenos aficionados eran y aún lo siguen siendo los gibraltareños. ¡Con qué ilusión y alegría acudían nuestros vecinos a los bailes que organizaban el Círculo Mercantil y la Unión Deportiva y otras sociedades recreativas y culturales de las cuales eran socios muchos gibraltareños.

También fue un grandioso ejemplo de hermandad la fundación de la Real Balompédica. con la participación de la gente de Gibraltar, en cuyas filas jugaron nombres conocidos como; los hermanos Sevilla, Bado, Murtón, Carlos Ane, Guudman, Duarte, Ramonet.



Los equipos de Futbol Esmeralda F.C. de Gibraltar y el Sporting Club Linense durante un encuentro futbolístico celebrado en la Plaza de Toros de La Línea en 1917

Recíprocamente los linenses también contribuían generosamente en la prosperidad de Gibraltar, los obreros españoles intervinieron en cuantas obras urbanas y de construcción llevadas a cabo en los muelles y diques, en el Arsenal, Ingenieros, City Council {La Colonia), en las fundiciones de Hayne y Bland, descargando carbón en el puerto, cocineros en los hoteles, confiteros, panaderos, camareros, sastres, barberos, servicio de limpieza, servicio doméstico y dependientes de comercio.

Pero sobre todo en el Arsenal, durante las dos guerras mundiales del 1.914 y 1.940, artesanos, mecánicos ajustadores, carpinteros y electricistas dieron lo mejor de su capacidad profesional y productiva, contribuyendo juntamente con los yanitos al esfuerzo de guerra, incluso británico, perdiendo la vida muchos de ellos, por efecto de los bombardeos aéreos. También hubo una época, cuando en La Línea no contábamos con el Hospital Municipal, se puso de manifiesto la generosa solidaridad de las autoridades de Gibraltar. que por concesión especial, las autoridades municipales de La Línea podían recomendar, mediante una carta o un volante impreso, se prestase al portavoz la asistencia médica necesaria: -Eran los tiempos en que la fama como cirujano del    doctor Locheadcorría de boca en boca                                                                                                                                                                                              entre los habitantes de Gibraltar y su campo, y la atención sanitaria que se prestaba a los linenses en el Hospital Colonial, no se limitaba solamente al reconocimiento, diagnóstico y tratamiento médico, sino que también en caso necesario, se hospitalizaban y se procedía a la intervención quirúrgica que fuese necesaria. Lo mismo ocurría con el servicio contra incendios, que al no contar La Línea con dicho servicio, cuando teníamos la desgracia de sufrir un incendio,  los  bomberos   de Gibraltar acudían inmediatamente y desinteresadamente a sofocarlo, como por ejemplo el del Casino Kuursal en 1.924, y otros más. En la explosión del barco de municiones «Berdham» en Gibraltar en 1.951 la solidaridad linense y gibraltareña se puso una vez más de manifiesto.

Por otra parte y como ocurre en el seno de cualquier familia, no todo era una balza de aceite, y de vez en cuando ocurrían episodios como éste que voy a contar, que hoy nos produce risa. El día ocho de abril de 1.916, el periódico linense «La Tijera», con motivo de que la compañía de espectáculos de «Fuentes Guardón», dedicaba al pueblo de La Linea una de sus representaciones teatrales en Gibraltar, la Policía de dicha plaza negó la ntrada a varios redactores de la Prensa de La Linea, publicaba el siguiente escrito satírico.

TRANCAZOS

«Al público de La Línea

dedican en Gibraltar
nuestros vecinos del «monte»
una función teatral.
Marchamos seis redactores
a la cercana ciudad
con el objeto sencillo
de visitar el Real,
más lo impide un educado
y terrible -policeman-
quien en tono muy agradable
nos «invita» a regresar
¡Es el colmo de los colmos!
¡Una obra teatral
dedicada a los linenses,
y los echan para atrás»



Concretándonos en las fiestas Navideñas y de Año Nuevo, los gestos de amistad y hermandad eran proverbiales. En el Campo de Gibraltar, y especialmente en La Linea, donde por haberse formado su población bajo  la doble influencia de las costumbres españoles y británicas, debido como es lógico a la estrecha convivencia entre los habitantes de dicha plaza y La Línea, como por la diversidad regional e Internacional, que desde un principio se integraron en esta zona, que sus fiestas y modo de vivir se diferenciaron de las de otras poblaciones españolas, como por ejemplo la celebración de la Navidad y fiestas de Año Nuevo.


«Hoy son fiestas de alegría

De regocijo cumplido.

En este día ha nacido
Jesús hijo de María
Vengan pavos a porfía.

Dulces, barquillos, turrones.
Y así vuestros corazones. 

Logran con felicidad
Las fiestas de Navidad
Y las dichas de millones»



En tiempos pasados, estas palabras tenían un profundo significado en La Línea y Gibraltar, en ambas poblaciones la víspera de Navidad tenia casi el mismo aliciente e ilusión, en Nochebuena, la fraternidad entre linenses y gibraltareños alcanzaba su mayor grado. Se intercambiaban felicitaciones, regalos e invitaciones a familiares y amigos. Ellos con sus «Christmas Cards» de paisajes nevados y abetos, y nosotros con nuestras postales navideñas representando el pesebre con el nacimiento del Niño Jesús y pastores adorando el establo. Hasta el aire parecía que se saturaba de paz, buena voluntad y alegría, contagiando a todo el mundo, las autoridades aduaneras de ambos lados de la verja, se hacían mas amables, simpáticas y tolerantes, haciendo «la vista gorda» del pase de artículos comestibles y bebestibles entre Gibraltar y La Linea.





Los gibraltareños con bolsos y canastas repletas de artículos alimenticios españoles, como frutas, verduras, carne, chacinas, pavos, gallinas, etc. Los españoles con sus bolsos llenos de conservas de todas clases y otros artículos alimenticios, regalos comprados o regalados por los comerciantes y familiares de la vecina ciudad. Por aquellas épocas era costumbre el -Aguinaldo- (ya en desuso por ser considerado paternalista y humillante, aunque hoy se denomina «paga extraordinaria»), las tiendas del ramo de la alimentación y de bebidas, correspondían a sus clientes en La Línea, obsequiándolos con calendarios, botellas de vino y licores, cajitas de mantecados y polvorones. En Gibraltar sus colegas hacían lo mismo, regalando a sus marchantes fijos, con generosas cantidades de conservas, dulces, café, azúcar, cacao, mermelada, chocolates, caramelos, patas de cerdo saladas y piezas de bacalao de Islandia, el mejor del mundo, por su sabor, grosor y blancura. ¡Qué bacalao señores!. Mientras que en el Arsenal y otras empresas coloniales y particulares, acostumbraban a ofrecer a sus empleados lo que ellos llamaban un «Drink» o un «Lunch», con abundancia de whisky, ginebra y cerveza y variados  «sándwich», guateque que compartían cada año en la más completa camaradería jefes y empleados.

Pero no todo se limitaba a la comida y bebida, los coros y rondallas de músicos y cantores de villancicos tanto linenses como gibraltareños seguían una misma forma y tradición mezclándose unos con otros. Por ejemplo la famosa rondalla que formara el maestro Criado en los años XX, estaba constituida en parte por gibraltareños, pues no podemos ignorar la apasionada afición de nuestros vecinos por la música y el canto, tanto ópera, zarzuela y el teatro, predominando siempre lo español. Allí siempre desde muy antiguo existieron agrupaciones musicales, mayormente rondallas de instrumentos de cuerda, en la que sobresalieron magníficos intérpretes. En 1.942 existía en La Línea un coro navideño denominado «El Sol» que dirigía el gibraltareño Joaquín «El Cochero», cuyos villancicos escribía y ensayaba Nicanor Fonseca autor poético y teatral linense, padre del actual poeta y escritor Guillermo Fonseca. Otro gibraltareño que también destacaba en el arte musical y que dirigía una rondalla en Gibraltar era Pereda, gran imitador de los tangos de Carlos Gardel. La renombrada rondalla de música de cuerda y voces mixtas «Los de Oriente», que dirigía Monfrino entre los años 1.9421.956, estaba compuesta por selectos músicos tanto gibraltareños como linenses actuando durante muchas Navidades en aquella ciudad donde era muy apreciada.

En aquellos años creo que desde siempre, estas manifestaciones artísticas y culturales era cosa normal entre estas dos poblaciones, lo mismo que otras de carácter laboral, social y comercial. Intercambios que favorecían a ambas comunidades y cuya tradición se vino sucediendo hasta pocos años antes en que el gobierno del generalFranco en 1.969 cerró la frontera, cortando bruscamente esta especie casi natural de cordón umbilical. Mi intención al recordar y escribir estas vivencias del pasado, no es hacer un planteamiento político ni patriotero, pues existe el dicho de que «Cada mochuelo a su árbol», solamente me interesa valorar y resaltar la convivencia y las relaciones familiares, humanas laborales y culturales entre yanitos y linenses aprovechando para ello esta significativa fecha de la Navidad, vivencias que recuerdo con pena y nostalgia por culpa de una frontera artificial, que ya su sola existencia es contraria como todas las fronteras del mundo a los derechos humanos y convivencia pacifica de los pueblos, máxime si ésta está cerrada a cal y canto. Y en este sentido estoy seguro que una gran mayoría de linenses y gibraltareños desean con todo el alma que esa frontera sea abierta, no solo en plan egoísta, político o crematístico, sino para que ambas poblaciones que siempre fueron hermanas, puedan reanudar libremente sus relaciones, humanas, familiares y culturales, sin la intervención de ninguna clase de intermediarios, puesto que estas dos poblaciones no son responsable de la existencia de un problema de estado y que por terquedad, intereses o discrepancias políticas de España e Inglaterra, recibieron un rudo golpe con la nefasta medida de cerrar la frontera. Es absurdo querer utilizar el cierre como un cheque en blanco, para presionar a los Ingleses para que cedan la soberanía del territorio de Gibraltar, puesto que 14 años de incomunicación no han podido conseguir. Indiscutiblemente que ese reconocimiento de soberanía española es irrenunciable tanto geográficamente como históricamente.

Los actuales momentos en que vive la nación española y la británica, dos países democráticos y con mutuos intereses políticos y de defensa, no aconsejan precisamente mantener incomunicada a la población de Gibraltar con el resto de España, y lo más inteligente, humano y razonable es proceder a la apertura de la frontera, para establecer y estimular esa convivencia que siempre existió entre sus poblaciones de nuestra Comarca, y la verdad sea dicha, antes que Gran Bretaña ocupara no muy dignamente dicha plaza de Gibraltar en 1.704, correspondía a su término municipal. Que esta Navidad de 1.982, sea la última que esa frontera tantas veces anunciada y tantas veces fallidas, sea una realidad. Pues si el nuevo Gobierno socialista de nuestra nación realiza esa gestión, ello no significa que va hacer dotación del sentimiento y deseo desde muchos años y por todos los españoles de recuperar la soberanía del territorio de Gibraltar, pero no de sus habitantes. Que el hecho de que la frontera se abra, no va a impedir que la diplomacia española exija al Gobierno de Gran Bretaña, que se siente a dialogar y negociar civilizadamente, democráticamente y jurídicamente, el reconocimiento de la soberanía española sobre el citado territorio, respetando como es lógico los intereses y libre determinación de la población gibraltareña.

Que desde esta Navidad autentica fiesta de paz y fraternidad, comiencen a olvidarse antiguos agravios, que retorne la confianza y la leal amistad entre los dos vecinos, y que una nueva era de paz, cordialidad, colaboración y buenos deseos se establezca para siempre, con lo cual daríamos un maravilloso ejemplo de madurez política, social y de sensatez del pueblo español.

Y para finalizar seria mi mayor deseo, que cuando esté escrito vea la luz pública, la apertura de la frontera sea una realidad.

A mis amigos los gibraltareños Merry Christmas-Happy New Year. para mis paisanos los linenses Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo.



Francisco Tomay de Cózar




















Luis  Javier Traverso






Publicado en el périódico AREA en el extra de Navidad del 22 de Diciembre de 1982.

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