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viernes, 8 de junio de 2012

Diego Campoy, el último "Barquillero"


Con su barquillera y ruleta en posición de combate, el
ya legendario barquillero posa para la cámara. (Foto: F. Tornay)




¿Quien no recuerda de sus años de niñez, los pregones, muchos de ellos espectaculares, de aquellas legiones de vendedores ambulantes que en decadas pasadas deambulaban por las calles y patios de La Linea vendiendo sus mercancías. Pregones llenos de gracia andaluza y calido calor humano, expresión de una época de gran sencillez cotidiana, cuando aun estaba muy lejana la materializada sociedad de consumo, y la mayoría de los productos de usos domésticos y también los trabajos manuales, se ofrecían al publico a través del pregón callejero. En nuestra ciudad, el Mercado de Abastos y sus alrededores era el crisol donde se entremezclaban aquellos vendedores ambulantes con su algarabía vocinglera ofreciendo sus mercancías.

Circulando entre el público o en tenderetes los vendedores pregonaban a cual más alto:

¡El ajooo!, ¡perejil!, Albahaca, mejorana y hierbabuena, !pescado fresco de la Atunara!, !alpargatas¡.

Mientras que por las calles y patios de vecinos otros pregoneros gritaban:

 ¡El paragüero!, ¡Se arreglan sombrillas, y paraguas! , ¡El afilao!,  ¡El higo chumbo, gordo dulce y redondo!, ¡El lañaoo!, ¡Platos, tinajas y lebrillos! . ¡Caracoles moyunos, caracoles calentitos! , ¡El mollete y la molleta, bollos de viena!, ¡Caliente!. Esteban el de la pastelina: ¡Avante presto...!, ¡El magistore di fogo!. Como nuestros barquilleros, que con sus cajas cilindricas o cuadradas, destinaban sus pregones a la chiquillería; ¡Barquillos de canela...! , ¡El chu de Paris...!.

Pero la actual generación, que no llegaron a conocer la gracia y el sabor popular de aquellos pregones callejeros, que fueron ahogados por el ronroneo de los motores, los altavoces publicitarios y por los productos prefabricados de la era de los electrodomésticos, solo significarán una simple costumbre, una antigualla de sus antepasados, que se apartó a un lado para dar paso al progreso y a la sociedad de consumo.

Por ello nos sorprende a los mas mayores, que todavía sobrevivan los vendedores ambulantes pregonando sus mercancías por nuestras calles, recordándonos el pasado. Como ejemplo el ¡Barquillero!, protagonista hoy de nuestro perfil popular.


Ante el popular barquillero se agolpan los jóvenes
catadores de la pasta de canela, en presencia de un
serio guarda uniformado de parques y jardines
municipales. (Foto: F. Tornay)


El barquillero fabricante casero y vendedor de la delicada pasta de harina, agua, azúcar y canela, llamada barquillo, y que ya era costumbre de consumirse durante la Edad Media, y aún se conserva en otros puntos de España, la de comer barquillos en las festividades religiosas más principales, como la Navidad, figurando a veces en los banquetes con que se solemnizaban ciertos hechos.

Como es también el barquillero, con el vendedor de castañas asadas, de agua azucarillo y aguardiente y el
organillero verbenero, personajes de saínetes y zarzuelas inmortalizando el primero, por el genio musical
de un Ruperto Chapi en su obra "El Barquillero".
¿De veras estimado lector, que deseas enterarte quien es un barquillero y como se fabrica la deliciosa pasta que el vende y también sortea en la ruleta de su barquillera? Pues si estas dispuesto, escuchemos a uno de ellos, a Diego Campoy Ruiz único existente en nuestra ciudad, y al que entrevistamos para este número extraordinario de "AREA" que como ya es tradicional todos los años dedica a la NAVIDAD.

Digamos señor Campoy, ¿cuantos años lleva usted vendiendo barquillos de canela?
-Desde el año 1934, comencé a vender barquillos en Melilla, donde estuve 25 años, luego me vine a La Linea donde llevo 15, exactamente 40 años fabricando y vendiendo los barquillos de canela.

¿Podría decirnos como y de que productos se hacen los barquillos?
-Muy sencillo, la pasta delgada del barquillo esta hecha a base de harina sin levadura, con azúcar o miel, canela o limón y teñida de uno o más colorantes.
El barquillo se hacen de varias formas, enrrollados en forma de canutos, triangulares y plegados en dos hojas formando otras figuras. La pasta se echa en unos moldes de hierro donde se cuecen al calor del fogón.
Como pueden ver, así de fácil resulta todo ello, pero yo no recomiendo a nadie que se dedique a estos menesteres tan sacrificados y tan poco rentables.

¿Cuanto se vendía hace 40 años el barquillo de canela?
-En mis primeros tiempos de barquillero, estos se vendían a 50 céntimos, hoy se venden a tres pesetas, en aquellos tiempos no existían tantas confiterías, ni tantos carrillos o quioscos donde los niños podían comprar de todas clases de golosinas, y los barquillos o Paris, como también se le llamaban vulgarmente a esta pasta, eran de su predilección, también hoy les gusta pero no tanto como en tiempos pasados. 

En la Puerta de Cañizares


Ya conocen ustedes el recipiente especial donde el barquillero transporta su mercancía, ese bombo de forma cilindrica que ellos llaman la "barquillera", y en cuya tapadera lleva instalada una pequeña especie de ruleta, una rueda giratoria, con una ballena que tropieza en los clavos y que marca al terminar el impulso que le dan, el barquillero o el comprador un número. La suma total de los números que hay señalados, el comprador marca los barquillos que le pertenecen

 ¿Todavía usan ustedes esa rueda giratoria, donde el comprador se puede jugar un número mayor de barquillos?
- Desde luego, aún la usamos, pero con muy poca frecuencia, pues solo los caprichosos o curiosos hacen uso de ella. Hoy los niños y también los mayores -porque a nosotros también nos gustan los barquillos- solo les interesa saborear el barquillo comprando la pieza sin perder el tiempo en jugárselo en la ruleta. Aunque he de aclarar que en esta ruleta siempre toca la suerte, como mínimo el barquillo que puede comprar con el valor de tres pesetas.
Mientras conversamos con nuestro amigo el barquillero en  la soleada plaza de Fariñas, es dia de fiesta, varios niños algunos de ellos acompañados de sus padres, acuden en tornoal barquillero para comprar barquillos de canela. Un pequeñin vivaracho, y entusiasta de las golosinas, grita de alegría y dando un saltito
sobre el pavimento de la plaza. ¡Papa, papa yo quiero un barquillo!, Anda cómprame un barquillo de canela, que me gustan mucho!

Permanecemos algunos minutos más junto a nuestro protagonista, observando como los niños van desfilando por delante de los barquillos, y como muchos de ellos van picando, gastándose parte de su capital festivo en la rica pasta de canela.
Pasado algún tiempo, el barquillero comienza a meter dentro del recipiente los barquillos que tiene sobre la
tapadera, y se lo echa a la espalda. El buen hombre tiene que hacer su acostumbrado recorrido callejero para que otros niños de la ciudad, también puedan saborear su rica golosina, ya que él es el único que las fabrica en La Línea, fiel a la tradición, que como le decíamos más arriba, se remonta a tiempos muy remotos.

Se despide de nosotros, y pregonando como si fuese un himno de marcha ¡Barquillos de canelaaa! , ¡A los ricos barquillos! , se pierde entre el bullicio de la ciudad en dia de fiesta. Que usted lo pase bien, y que Dios le de mucha salud y suerte para que pueda seguir vendiendo barquillos por muchos años más. Los pequeños se lo agradecerán.

                                                                            FRANCISCO TORNAY





                                                   Luis Javier Traverso Vázquez                                                                                                   http://www.lalineaenblancoynegro.com/




Documento perteneciente al Archivo Municipal de La Línea de la Concepción. y Publicado en el Extra de Navidad del Periódico AREA del  23 de dicembre de 1974

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